lunes, 13 de mayo de 2013

Darme permiso para sentir tristeza.....

Como cuidadora principal, tengo derecho a sentir tristeza por la situación de mi madre.

En lo más profundo de mi corazón siento mucha pena por la manera en que la vida la esta tratando en el último trayecto de su viaje terrenal, no siendo merecedora de ello.

Por la época que le ha tocado vivir, su infancia fue dura, la guerra civil y la posguerra a dejado huella en su generación.

Toda su vida a transcurrido de manera sencilla, dedicada al trabajo y al bienestar de su familia.Siendo una persona luchadora a capa y espada por defender en cualquier situación difícil a sus seres queridos.

Mi relación con ella siempre a sido muy cercana, sintiendo un inmenso cariño mutuo, siempre hemos estado la una para la otra.

Mi mayor orgullo es decir que el amor de una madre es incondicional, y el de ella lo ha sido siempre, incluso ahora con esta enfermedad que la maltrata cada día y la va minando lentamente, su hija es la figura más importante aún.

Cuando escribo estas palabras las lagrimas corren por mis mejillas, de pena, pero a la vez de felicidad por haber tenido la suerte de ser tan querida y poder ayudarla en este camino largo y difícil  en el que los obstáculos son muchos y variados.

Me permito tener tristeza porque es una emoción y la reconozco, pero también la alegría y esa existe en mi vida sin lugar a dudas.


El amor de una madre es incondicional

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